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“El peor riesgo es no arriesgarse”

Este es un mensaje para todas las mujeres del mundo, desde la cima del Everest. Fueron más de 40 días, de mucha preparación, pero valió el esfuerzo. Cualquier sueño que tengan lo pueden lograr, con mucha perseverancia y dedicación

Hasta la cima, con Viridiana Álvarez

“(16 de mayo de 2017) Este es un mensaje para todas las mujeres del mundo, desde la cima del Everest. Fueron más de 40 días, de mucha preparación, pero valió el esfuerzo. Cualquier sueño que tengan lo pueden lograr, con mucha perseverancia y dedicación”.

Es Viridiana Álvarez, alpinista por afición, que, desde 8 mil 848 metros de altura, en la cumbre o “zona de la muerte” del Everest y a -36 grados Centígrados, se quita el oxígeno suplementario para encender su celular y grabar un mensaje de aliento para todas las mujeres del hemisferio. Su voz es agitada, casi no siente los dedos y la punta de su nariz está al borde del congelamiento. Nada que le impida continuar su discurso: “¿Que cuál es el secreto? Conectar el pensamiento con el corazón”. Así también celebra su cumpleaños número 34.

A inicios de febrero, Viridiana Álvarez, la única alpinista de todo el continente americano que ha logrado ascender las cuatro cumbres más altas del mundo y la séptima mexicana en conquistar el Everest, nos invitó a escalar hasta tocar cima, a través de sus experiencias, aderezadas de arrojo e inspiración.

AGUASCALIENTES, AGS., MX. – 

Originaria de Aguascalientes, Viridiana Álvarez cuenta que de niña era inquieta, curiosa, atrevida. 

Hija de abogado y ama de casa, fue la única de cuatro hermanos que se dedicó al deporte, pero no de forma profesional, sino por puro pasatiempo. Lo mismo le gustaba correr que participar en maratones y practicar ciclismo de montaña.

Platica que apenas incursionaba en los retos del deporte, que se preparaba para un triatlón, cuando dio un salto al alpinismo en 2014, tras una invitación de unos amigos para subir de noche el Pico de Orizaba, la montaña más alta de México, de 5 mil 636 metros de altura. 

La indumentaria fue prestada, recuerda con nostalgia, “de una amiga que esquiaba”. El pico, los crampones y demás indumentaria la rentó, iba totalmente improvisada.

El acenso demoró cerca de siete horas. 

“Fui nada más como un reto físico y me encantó”. Fue cuando Viridiana descubrió la aceptación de la montaña, con quien inició una “relación mágica” que 10 meses después la llevo a su primera expedición internacional, en la Aconcagua, que es la montaña más alta de América, localizada en Argentina y en menos de un año subió el Nepal, en la cordillera del Himalaya, para prepararse para el Everest.

A la fecha, esta mexicana lleva escaladas 9 montañas:

1 – Pico de Orizaba (2014, México / 5 mil 636 metros sobre el nivel del mar, msnm)

2 – Aconcagua (2015, Argentina / 6 mil 962 msnm)

3 – Manaslu (2015, Himalaya, Nepal / 8 mil 156 msnm, su primer ochomil)

4 – Everest (2017 / Himalaya, Nepal / 8 mil 848 msnm)

5 – Lhotse (2018 / Himalaya, Nepal / 8 mil 516 metros msnm)

6 – K2 (2018 / Karakoram, Pakistán / 8 mil 611)

7 – Elbrús (2018, Cáucaso, Rusia / 5 mil 642 msnm)

8 – Kanchenjunga (2019 / Himalaya, Nepal, “la montaña sagrada” / 8 mil 586 msnm)

9 – Kilimanjaro (2019 / Tanzania / la montaña más alta de África / 5 mil 895 msnm)

Su siguiente reto: El Makalu es la quinta montaña más alta del mundo, con una altitud de 8 mil 481 msnm.

En 2018 hizo el Lhotse, la cuarta montaña más alta que está en un lado del Everest y lo hizo como parte de la aclimatación para irse a Pakistán a subir el K2, la segunda montaña más alta, convirtiéndose en la primera latinoamericana en cumplir esta hazaña.

Como “Dios, destino y pasión”, así describió la cima en el K2.

Viridiana en cada uno de sus objetivos ha llegado al primer intento ¿Cuál es el secreto? 

“Yo creo que se ha debido a esas lecciones que uno he tenido que aprender. Mas allá de los factores que se puedan alinear para que todo esto suceda, que dicen que la suerte… que no existe… que si, que no… para mi significa estar bendecida por Dios, por la montaña, por la vida”.

¿Cómo es llegar a la cima?

A manera de respuesta, Viridiana Álvarez nos invita a escalar a través de sus extraordinarias experiencias.

“El pensamiento que me inundó fue que no había otro lugar más alto en el mundo como este. Es que estas arriba de las nubes, ves la curvatura de la tierra”, dice aún sorprendida.

Al llegar coloca la bandera mexicana, sólo para hacerse unas fotos y guardarla para no generar contaminantes, pues la basura en el Everest es un tema que preocupa, pero que, con la denuncia en internet y redes sociales, empieza a generar conciencia.

Programas como el Eco-Everest, implementado en 2008, es un ejercicio de expedición anual, cuyo objetivo es limpiar y eliminar los escombros acumulados en esta montaña.

Trayecto y cima. A todas sus expediciones, Viridiana ha ido sola, únicamente acompañada de los sherpas, pobladores de las regiones montañosas de Nepal, en los Himalaya, con quienes ha hecho equipo. 

Cuenta que la aventura inicia con una caminata hacia el campamento base, donde todo es relajado, ahí se montan casas de campaña y se sostienen reuniones nocturnas para tomar decisiones para los días consecuentes; hablan del clima, de las cuerdas y del estado actual del equipo, aunque no hay un itinerario u agenda diaria, pues todo a partir de ese momento es impredecible. 

Aquí duran de una semana a 10 días en los que suben y regresan cierto tramo, como un tipo de entrenamiento y aclimatación, sin riesgo de avalanchas o situaciones complejas, a fin de lograr el objetivo, que es llevar el cuerpo hasta el campamento cuatro, conocido como “la zona de la muerte” por estar arriba de los 8 mil metros sobre el nivel del mar (msnm). 

En el campamento base hay oportunidad de lavar la ropa y de darse una ducha (con toallitas húmedas “o, de plano, a cubetazos”). 

¿De qué se alimentan?, ¿dónde hacen sus necesidades fisiológicas? “Me alimento de lo que me pongan en el plato, así, literal. Nada que la dieta del salmón. Comemos desde arroz, sopas instantáneas de verduras, de spaghetti, hasta snacks, bebidas de frutas, de ponche tropical”.

En el campamento base hay letrinas para hacer sus necesidades, aunque es un lujo poder acceder a ellas, pero a partir del campamento uno y dos, hacen hoyos en la nieve para destinar. 

Recuerda que en el Everest atacaron cima a las nueve de la noche. Sin dormir, escalaron 19 horas sin parar y sólo con lámparas para iluminar el camino, sin darle cabida al miedo.

“El cuerpo te dice que está cansado, que está sufriendo de frio, que estamos a -30 grados Centígrados”.

Aunque ponga todo el empeño, aclara, toda esa parte externa tiene una influencia. 

“La montaña está viva y nos los hace saber a cada segundo, tiene una fuerza que de pronto te puede mostrar cuan fuerte es, con una avalancha o una tormenta, que te pueden hacer sentir tan vulnerable, tan pequeño”.

Se le pregunta si antes de subir a la montaña practica algún ritual personal, a lo que responde que siempre carga con un rosario de rosas que le regaló su abuelita (la ha acompañado a todas sus cimas), “también ese diálogo interno y todo lo que va conmigo. Ah, e ir con toda la buena vibra”.

Muchas ceremonias alrededor del mundo, en las diferentes culturas y religiones, buscan atraer la buena suerte para quien la realiza o forma parte de ellas. En el Himalaya, para los sherpas es impensable realizar cualquier incursión en la montaña sin haber oficiado antes la tradicional ceremonia de la Puja.

Rumbo a la cima, sin la noción del tiempo ni fronteras, pautados por la montaña, cada uno lleva sus propios pensamientos, “no vamos platicando entre campamentos”. 

En su caso, sobre todo en situaciones de estrés o esfuerzo, piensa en lo cotidiano de la vida, en que está con su familia en un restaurante, departiendo un buen corte de carne, un vino tinto, acostada en su cama o dándose una ducha con agua caliente. 

Todo esto ella lo resume en una sola frase: “es una lucha con la mente”, una negociación mente-espíritu, para soportar ese nivel de extremo. También, de una forma muy limitada, en ocasiones –y de noche– escucha música clásica o de piano, tratando siempre de cuidar la pila del celular, alimentada por generadores y paneles solares, que sólo existen en el campamento base.

Pero no hay como dejarse llevar por los sonidos del silencio, añade. “O la música de la montaña, que es ese crujido del hielo, el pie pisando la nieve”.

Desde los 4 mil metros deja de apreciarse la flora. 

En cuanto a la fauna, Viridiana recuerda que, en el Kanchenjunga, en el campamento base, le advirtieron sobre la presencia de un tipo de rata.

Sin embargo, dice haber visto aves a los 8 mil metros de altura, en el Everest, en el campamento cuatro.

“Ah, caray, y ustedes, qué hacen aquí”, dice entre risas. “Bueno, ellas dirán lo mismo de mí. Tú qué haces aquí”, vuelve a reir.

Médicamente, se dice que montaña arriba cambia el tamaño del corazón y los pulmones.

“Para mi la montaña es una conquista, pero no a la montaña sino a uno mismo; de los miedos, a todo lo que se enfrenta uno”.

En los campamentos altos no hay tiempo para socializar, se descansa, se concentra y se prepara física y mentalmente para lo que viene al día siguiente. 

“Como puede haber días buenos, puede haber malos. No es como en una carrera que es un periodo pequeño y ya, se acaba. Aquí son días, semanas, meses y toda la suma que eso conlleva tienes que enfrentarla con buena actitud, buenos pensamientos y rodearte de gente con esa misma energía, alejada de malas influencias”.

En todas sus expediciones, además de los sherpas, Viridiana ha tenido la suerte de conocer a buenas personas, incluso amigos con los que sigue teniendo contacto, pero también se ha encontrado con personas indiferentes.

Cuestionada si en alguna ocasión se ha encontrado con algún mexicano, su respuesta es asertiva.

Recuerda que en el K2, en el campamento cuatro vio a un paisano, pero que no tuvieron tiempo de convivir, sólo se saludaron a distancia. “Él iba con otra empresa, una americana”. Ella con una local, Nepalí.

Con relación al acondicionamiento físico, previo al ascenso, para ella basta con correr, pedalear su bicicleta, 

pero eso, aclara, forma parte de sus pasatiempos favorito y no lo ve como un entrenamiento obligatorio. Lo disfruta. Además, Aguascalientes carece de club alpino y ella de entrenador. 

“Ha sido un proceso de conocerme para poder determinar qué requiere mi cuerpo en la montaña”.

Mentalmente, ¿cómo te preparas? “La mente es fundamental”, insiste. “Porque quien mueve las piernas está aquí, en la cabeza, en la mente. Es la que determina qué tan lejos se puede llegar. Mi cuerpo se adapta muy bien a la altura, a toda esta parte de la zona de la muerte”. 

Confiesa que el K2 le significó un reto técnico y mental mayor que el Everest. 

El (otro) costo de subir

Viridiana Álvarez estudió Administración y tiene dos maestrías, una en sistemas de calidad y otra en innovación empresarial.

Comenta que la transición al montañismo no fue tan repentina. 

Prueba de ello, para poder viajar a sus primeras expediciones tuvo que negociar en su trabajo, en la industria manufacturera, tanto sus vacaciones como días festivos.

Incluso, cuando hizo su primer ochomil, en Manaslu, se vio en la necesidad de renunciar a su empleo, de siete años de antigüedad, pues subir a la cima le demandaba, mínimo, 40 días en campo. 

…Y no únicamente es una cuestión de tiempo, sino también de dineros.

“Todo ese costo que no se ve implícito está ahí (en la foto que ilustra esta entrevista)”.

Escalar el Everest podría llegar a costar desde 40 mil a 120 mil dólares, eso depende de la empresa que organiza la expedición.

“Yo fui con una empresa Nepalí, local. No reconocida, no tan cara”. 

Alpinistas que contratan empresas británicas pueden llegar a desembolsar el triple de estas cantidades.

“Para el Everest hasta vendí el coche”, desestima Viridiana.

“Por ahí escuché a un montañista que decía: el reto de subir al Everest… es llegar al Everest, por toda esta cuestión de recabar los fondos para llegar ahí”.

Para escalar el Everest, Viridiana pagó 40 mil dólares. 

¿Has tocado puertas, aquí en México, con empresarios, políticos, para que te apoyen con el gasto?

“Si. De hecho, actualmente estoy en eso, por el nuevo proyecto que viene, que es un reto”. Ese desafío que se traduce en conseguir patrocinadores.

 Y es que, el montañismo no es futbol, no es un deporte tan vial, tan conocido en México.

Los ojos de los patrocinadores están en las olimpiadas, en las carreras de la Fórmula Uno, donde siempre habrá algún espectador.

“Acá nadie te ve, no hay medallas, nadie está al pendiente de ti, de si llegas, si no llegas, si te mueres, si no te mueres. El alpinismo es realmente un logro muy personal… y la empresa patrocinadora lo que busca es esa rentabilidad o retribución de ese dinero en el impacto de su marca. Entonces tiene su complejidad, pero ahí vamos, abriendo camino en este tema de patrocinios en la montaña”.

“La zona de la muerte” y “la ley de la montaña”

Mucho se habla de estos temas, incluso en la entrevista me los has mencionado un par de veces, ¿a qué se refieren con esto?, se le aborda. 

“La zona de la muerte es cuando llegas arriba de los 7 mil 500 metros de altura. Es un nivel en el que el cuerpo empieza a experimentar el ‘mal de altura’, que es vivir con un tercio de oxígeno que generalmente se tiene a nivel del mar, donde las células se empiezan a descomponer, donde el cuerpo tiene que asimilar todos esos cambios para que no se presente un edema pulmonar o cerebral, causantes de un paro respiratorio, o alucinaciones. De hecho, Hay gente que fallece por una alucinación”, repara.

Pesa a todos los pronósticos, el año pasado (2019), Viridiana Álvarez pensó en volver a subir el Everest, pero ahora sin oxígeno.

“Hace un tiempo que dije, bueno, no hay mexicana que lo haya hecho, fue un reto que en su momento plantee”.

Pero después de analizarlo a conciencia, de indagar y de confirmar que todos los accidentes y muertes que ha presenciado montaña arriba han sido por ese riesgo tan alto, decidió declinar a su idea.

“Desde el cerebro, desde las extremidades… Pensé que no era una buena idea incrementar ese riesgo de muerte por solamente decir que subí sin oxigeno”.

Dice que sólo el tres por ciento de los que han subido al Everest, sin oxígeno, ha logrado sobrevivir.

En relación a “la ley de la montaña”, su respuesta es sencilla: “No hay reglas en la montaña. Aquí se trata de avanzar, de sobrevivir”.

Dice que, si un alpinista empieza a sentirse mal durante el trayecto, no está en su compañero rescatarlo, por el contrario, se opta por dejarlo en el camino, a su (mala) suerte. 

“Es duro”, acepta Viridiana, “cuestionan mucho: ‘dejaste a esa persona que muriera´, pero apenas se puede con uno mismo, imagínate, con el peso de la mochila (alrededor de 25 kilogramos)”.

Se pueden dar mil pasos correctos, pero sólo se requiere uno para caer al vacío…

“Yo gracias a Dios nunca me he topado con ese dilema y nos hemos tratado de ayudar en lo que hemos podido, pero se supone que esa es la ley. En la montaña se vive una dualidad que es estar en estos lugares tan inhóspitos, donde habita la muerte, pero también esa grandeza que te deja ver la montaña a esa altura. La muerte es el costo de estar en estos lugares”

Lo más difícil, ver caer (morir) a los exploradores

A decir de su experiencia, el 80 por ciento de los accidentes en la montaña ocurren de bajada, pues una vez alcanzada la altura máxima, se empieza descender con cierta confianza, pero con el cansancio y alucinaciones, una caída puede ser más factible.

La cima, declara, la vive con mucha emoción, pero también es consciente de que hay que bajar con la misma cautela. En sus expediciones, Viridiana Álvarez jamás ha redactado una carta de despedida, en el K2 lo pensó por el alto riesgo de fatalidad, pero no lo hizo porque, para ella, era prepararse para morir y ella iba preparada para vivir. 

Recuerda que, durante sus primeras exploraciones, en 2016, en el campamento cuatro, a un metro de distancia vio fallecer a una persona, a un hindú.

“La primera sensación fue de empatía porque esa persona, como yo, teníamos ese sueño. Me imagino que a él también lo estaban esperando en su casa. Es sentir esa vulnerabilidad que se tiene en la montaña y esa conexión en ese momento con Dios, de ponerse en las manos de Él, con toda esa grandeza de la montaña”.

¿Has visto alpinistas muertos, cuando vas de bajada? 

“Si, en el Everest me tocó ver a unas personas fallecidas en el camino, y en el K2 vi a una persona morir, que iba cayendo y en ese instante pues ya iba muriendo. Yo iba para arriba, todos los campamentos iban hacia arriba y esa persona, me acuerdo que era un canadiense, empieza a caer, ya sabíamos que iba muerto, porque el K2 es una montaña tan vertical que es una caída de miles de metros”.

Aquí fue donde experimentó caminar de noche por prácticamente “paredes de hielo”, sin descanso.

Ella sabía el porcentaje de riesgo y fatalidad en el k2. “De cuatro que suben a su cima, uno no baja. En campamento base pueden estar sentados en una mesa de cuatro y saber que uno de los que está ahí cenando o comiendo ya no va a bajar es muy fuerte procesarlo y aceptarlo”.

Ver a esta persona caer le recordó la vulnerabilidad a la que todos están expuestos.

“Para mi fue un shock ver ese incidente”.

¿Cómo te repones de ese sobresalto? “Yo creo que los obstáculos son parte de ese camino de probar qué tanto quieres lograr algo; más allá de señales, suerte o intuición”.

Contrario a lo que se piensa, Viridiana evita las noticias o documentales sobre su próximo objetivo.

Esto lo decidió precisamente antes de subir el K2, cuando buscó en internet para investigar sobre esta montaña y todo lo que encontró fueron accidentes y muerte. Fue en YouTube donde se enteró que la K2 fue bautizada como “la montaña asesina”.

“Mejor trato de hacer mi propia historia. A veces nos basamos en el pasado y si queremos hacer historia lo tenemos que hacer diferente, con una actitud muy positiva”, insiste.

De lo que sí se documenta, es de toda esa parte técnica, como el número de campamentos, altura, clima o por dónde vienen los vientos, etcétera.

¿Vale la pena el riesgo?

Viridiana toma aire y responde que no intentarlo tiene un costo más alto. 

“No me imagino yo en cinco o 10 años preguntándome qué hubiera pasado si me hubiera atrevido a ir al Everest, al K2 o a todas esas montañas en las que he tenido la oportunidad de estar”.

Pero también en el alpinismo encontró otra de sus pasiones, “pasión por la montaña”, por lo que, el siguiente paso es vivirla. “El miedo nos impide y nos paraliza a hacer algo por nuestras metas, creo que a la larga el tiempo es el que nos dice que ese costo fue más grande”.

Entre sus más grandes impresiones, figura haber visto la curvatura de la tierra 

“Estar en esa altura donde te sientes tan pequeño y grande al mismo tiempo y que sabes que pocas personas, contadas con dos manos, son las que han estado ahí. Es un sentimiento muy especial, de tener un agradecimiento con la vida, con Dios, es algo muy especial que guardo siempre en mi mente y en mi corazón”.

Tras dedicarse al alpinismo existe un antes y después de Viridiana, lo cual reafirmó durante su llegada a la cima del K2, cuando la abordó un pensamiento relámpago que le avisó que ella debía estar ahí, lo que la hizo encontrarse con ella misma en la montaña y redescubrirse.

“Definitivamente esos cambios para mi han sido positivos, siempre el avanzar es positivo, aunque a veces no siempre tomamos las mejores decisiones, todo cambio, cuando se toma de alguna manera, el aprendizaje es bueno”.

Y reafirma la importancia de rodearse de personas soñadoras, positivas.

“A veces ese flaqueo o un pensamiento por ahí que se escabulle de miedo, de preocupación, de ‘no voy a poder’ tiene mucho peso, entonces en la montaña todo pensamiento tiene que ser positivo, con el objetivo bien claro”.

Otro evento asombroso, casi divino, Viridiana lo vivió en el K2

Y lo comparte. “He estado en muchas situaciones de riesgo y de muerte, pero en esa ocasión iba bajando de la cima y no había una cuerda fijada, sólo una (cuerda) que estaba ahí nomás como de apoyo para ir encordado. Me acuerdo que era una cuerda roja y ya íbamos bajando con premura, porque ya se hacía tarde, entonces bajan primero unas personas, luego voy yo… y estaba tan segura que iban personas detrás de mi, que ni siquiera tuve que voltear para verificar quien venía detrás, porque yo sentía la cuerda tan tensa, cuando llego al final de esa cuerda y me agarro del nudo, volteo atrás y me sorprende que no había nadie”. 

Para ella fue un momento glorioso, saber que alguien la estaba cuidando.

“Lo recuero y todavía se me pone la piel chinita. Es un momento que jamás se me va a olvidar en la vida, donde me sentí cuidada por alguien y en el asombro de esa vivencia que no te explicas, que la razón no entiende, que solamente porque lo viví puedo decir que pasó”. Es lo que ella considera una diosidencia.

En el Everest vivió otras dos experiencias “sobrenaturales”.

Cuenta que después de llegar a la cima, estuvo una hora y 20 minutos allá arriba y al levantarse, al caminar por un risco marcado, donde sólo cabe un pie y luego el otro, empezó a sentir la asfixia, “dije: hasta aquí llegué, recuerdo haber volteado para ver dónde iba a caer mi cuerpo”. La botella de oxígeno se le había terminado y para alcanzar la otra, había que caminar un largo trayecto. 

Pero también el día y la noche copan de protagonismo sus asombros.

Ver el amanecer desde arriba aún le eriza la piel, rememora. Apreciar cada línea de los rayos del sol venciendo la oscuridad o que acarician su piel, aportándole algo de calor al cuerpo o la noche, ver un cielo estrellado, festinado por la vía láctea. 

Has logrado llegar a las cuatro cimas más altas del hemisferio y a la primera, pero en tu vida personal ¿en qué no has podido hacer cumbre?

“Yo creo que son etapas. Estoy en una etapa en mi vida en la que todo lo que me he propuesto lo he logrado, pero también tengo otras etapas que quiero cumplir; hacer un libro, casarme, tener hijos, familia, consolidarme profesionalmente. Como alpinista estoy segura de que va a llegar un punto en el que voy a decirle gracias a la montaña, para iniciar otra etapa”.

Viridiana Álvarez se dice afortunada y con la fuerza suficiente para luchar por lo que quiere, de seguir retándose en más aspectos de su vida.

Considera que en el deporte no hay distinciones entre mujeres y hombres. Las personas, dice, tienen las mismas capacidades de retarse y alcanzar lo que se proponen.

Como nuevo proyecto, la entrevistada se prepara para escalar el Makalu, la quinta montaña más alta del mundo, con lo que podrá jactarse de ser la primera americana en conquistar las cinco montañas más altas del hemisferio.

El Makalu tiene una altitud de 8 mil 463 metros sobre el nivel del mar. Se localiza en la zona Mahalangur, en el Himalaya, a 19 kilómetros al sureste del Everest, en la frontera entre China y Nepal. 

Nada que no pueda lograr Viridiana Álvarez, la primera mexicana en subir el Kanchenjunga, la tercera montaña mas alta del mundo, un logro que le dedicó a todas las mujeres del hemisferio, por lo que, para culminar esta charla, se le pide que lance un mensaje a las juarenses, a las universitarias, a las que buscan superarse en medio de la adversidad.

“Es un tema muy delicado el que se vive, muy triste, que desgraciadamente no podemos ignorar y que tenemos que hacer algo al respecto desde la parte desde la política, desde lo social, desde la comunidad. 

Y, pues, mi mensaje sería que salgan adelante. Muchas veces, nuestra circunstancia y que, en este caso, 

puede ser lo que ustedes acontecen en su alrededor, puede determinar ciertas situaciones, pero la actitud que nosotros tomemos ante ciertas circunstancias también puede hacer el cambio. Ver desde nuestras posibilidades”. Lo dice una mujer de arrojo, que lo ha tenido que dejar casi todo por seguir otra de sus grandes pasiones, el montañismo, algo que la ha hecho superarse, conocerse y ser mejor cada día.

 “Soy una persona privilegiada, por que encontré una pasión y no muchos se dan la oportunidad de encontrarla y dejarse llevar por ella”.

Actualmente, Viridiana Álvarez trabaja para la empresa Liderazgo de Altura, centro de coaching empresarial.

servisiblemx@gmail.com

Video, cortesía de Viridiana Álvarez. Facebook: Viridiana Alvarez Oficial