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“Juarochos” de regreso a casa

Huyen de la violencia extrema de Ciudad Juárez y los recibe la miseria. Son veracruzanos que regresan a su terruño a tratar de iniciar de nuevo, en un contexto de pobreza e incertidumbre.

Por Gustavo Cabullo / Fotografía: Ramiro Escobar.

Revista NET/AÑO 4/Edición 39/ diciembre de 2010

CATEMACO, LERDO DE TEJADA Y JALAPA, VER. – 

Ernesto González viajaba en la Ruta Central, por una de las avenidas más transitadas de Ciudad Juárez, cuando lo alertó una ráfaga de metralleta seguida de unos arrancones y gritos. “Agáchense todos y no hagan ruido”, vociferó el conductor del autobús.

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Una tarde, cuando llegaba del trabajo, Flora Corro vio mucha gente concentrada en la cuadra de su casa, en la colonia Palmas del Sol. “Algo le pasó a mis hijos”, pasó por la mente de esta empleada de maquiladora. Aceleró el paso y al llegar vio a tres hombres tendidos en la calle, que minutos antes habían sido ejecutados por un comando armado.

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María del Carmen no puede olvidar aquella imagen de unos hombres desmembrados en las inmediaciones de un supermercado. Aterrada, esta mujer tomó valor y le ordenó a sus hijos: “derechito, sin mirar pa’ allá”.

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Juan Sánchez aún tiene pesadillas y se le revuelve el estómago cada que recuerda aquel individuo que vio colgado en un puente, por donde pasaba todos los días para dejar a sus hijos a la escuela. “Parecía la escena de una película de horror”. 

Otro de sus amigos vio el cuerpo de un hombre amarrado a un barandal, portando una máscara de cerdo. “Qué más podíamos presenciar allá, qué faltaba por ver en esa pandemia de terror”. 

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Al igual que Ernesto, Flora, María del Carmen y Juan Sánchez, todos los veracruzanos que huyeron de la violencia que azotó en Ciudad Juárez de 2008 a la fecha, tienen algo qué contar a su regreso a casa. Son los “juarochos”, como de cariño fueron bautizados en esta frontera, donde hallaron un hogar, empleo, diversión, amigos y todo lo que fueron cosechando a lo largo de 20 años, cuando llegaron atraídos por la bonanza de las maquiladoras.

La representación de Veracruz en Ciudad Juárez estima que cerca de 100 mil veracruzanos empezaron a abandonar esta localidad a partir de 2008, por miedo a ser presas del crimen organizado, producto de la Guerra contra el narcotráfico emprendida por el gobierno federal en turno y que, de acuerdo a la Fiscalía General del Estado, ese año arrojó mil 587 homicidios y el siguiente, en 2009, un total de 2 mil 643.

Esta contingencia motivó a que el gobierno estatal de Veracruz, entonces encabezado por Fidel Herrera, instituyera en marzo de 2010 un plan denominado Programa emergente de retorno de veracruzanos de zonas fronterizas a sus lugares de origen, que consistió en regresar a todos aquellos que así lo decidieran, a través de autobuses, chárteres o camiones de mudanza, sin que tuvieran que desembolsar un solo peso.

De marzo a diciembre de 2010, mil 180 juarochos aprovecharon este programa, por lo que este medio llegó hasta ellos para conocer su situación actual: pobreza, desempleo y dos visitas inesperadas Karl y Matthew (un huracán y una tormenta tropical) que los despojó de todas sus pertenencias.

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Pobres, pero seguros. 

“…Pero por mis hijos no regresaría”, menciona Flora Corro, 

quien, al igual que sus paisanos los juarochos, arraigarse de nuevo a sus raíces ha sido complicado, después de vivir en la frontera por más de 10 años.

Abordada en su actual empleo, una fonda en las afueras de Lerdo de Tejada, esta mujer de 39 años cuenta que en Ciudad Juárez era operadora de producción en la maquiladora Scientific Atlanta, donde ganaba 800 pesos a la semana y doblaba turno para echarse a la bolsa más del doble.

El dinero, dice, lo usó para que su madre construyera una casita, 

aquí en Lerdo de Tejada. El dinero también le alcanzó para pagarle la universidad a sus dos hijos, en el Tecnológico de Juárez.

Platica que durante su paso por la frontera hasta sus gustos musicales cambiaron de la salsa al pasito duranguense. 

“Ah, pero qué perro calor”, dice. “A eso nunca nos acostumbramos”.

Nunca le gustaron los mariscos, el pollo y la carne. “Eran alimentos muy refrigerados”.

Presume que con su salario se daba el gusto de estrenar zapatos cada mes, de comprarse ropa por catálogo. “La estrenaba en el trabajo, pues ¿para qué salía a buscar el peligro?”.

Aunque confiesa que de vez en cuando, los viernes, saliendo del trabajo se iba a bailar con sus compañeros al Centro de Espectáculos Corona o a los bares de la “Jilo” (Jilotepec)”.

“Es lo que extraño, el ambiente en Juárez, 

precisamente de eso estábamos platicando antes de que usted llegara. Aquí todo es más monótono, allá supe sobrellevar a las personas y dejé muchas amistades ah, y admiradores, cómo no”, suelta entre comentarios jocosos.

Ahora ha tenido que cambiar la bata por el delantal y los ensambles por tortillas, garnachas y picadas. Es ayudante de cocinera en un negocio de mariscos, cuyo horario es de lunes a sábado, de 7 a 7 y sus ingresos no rebasan los 600 pesos semanales.

“En Juárez decían que el veracruzano era bien chambeador, pues ahora ya saben por qué. 

Aquí uno recibe gritos y míseros salarios, no hay transporte, comida, aguinaldo o prestaciones”. 

Por si fuera poco, las recientes contingencias, que azotaron en su comunidad terminaron con su patrimonio.

Sucedió a mediados de septiembre. “Parecía que el mar se había volteado. 

La segunda vez se desbordó el Río Coatzacoalcos y acabó con todas nuestras pertenencias: colchones, ropero, ventilador, lavadora, bueno, con todo. Hasta se me cayó parte del techo y la ventana de la sala. Esto era una pesadilla. Faltaron tres ladrillos para que mi casa quedara totalmente cubierta por el agua y el lodo, nos llegaba hasta el cuello. Afortunadamente sólo fue el agua, el huracán no nos pegó hasta acá”.

El huracán Karl se ensañó con más de un millar de juarochos retornados.

Luis Borunda, representante del Gobierno de Veracruz en Ciudad Juárez, lo confirma.

“Fueron personas que, desafortunadamente, resultaron directa o indirectamente afectadas con los dos eventos naturales que cayeron este año en el sur de Veracruz, el huracán Karl y la tormenta Matthew, que dejaron 114 municipios afectados”. Además de Lerdo de Tejada, fueron sacudidos Cosamaloapan, Coatzacoalcos, Minatitlán, Tlacotalpan, Tlacojalpan, Alvarado y Acayucan, donde actualmente radican 452 juarochos que volvieron, bajo el programa, impulsado por Fidel Herrera. 

Pero no ha sido la única contingencia que Flora Corro ha sobrevivido. 

En 2006, fue víctima de la tromba que cayó en Ciudad Juárez, un fenómeno natural que difícilmente se registra en el norte que prácticamente terminó con su vivienda, en el fraccionamiento Palmas del Sol. Le llevó un mes desazolvar su hogar. En aquel entonces, el gobierno estatal y local le prometió a los afectados un bono que, en conjunto, sumaban 15 mil pesos, recurso que nunca llegó, sólo un pico y una pala.

¿Regresaría a Juárez?, le pregunta este escribano. “Para nada, ¿para qué?, para ver muertos, masacrados, para que secuestren a uno de mis hijos, para que me extorsionen. No. Acá yo vivo con mi madre, mi madrina y mis dos hijos. Gano poco, estamos más pobres que nunca, pero seguros. Regresé por la violencia, pero también porque mi madre se enfermó, creo que ella me salvó de que me mataran allá en Juárez”.

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“En Veracruz se llora por la falta de empleo, en Juárez por la pérdida de una vida”. 

Bajo la misma tesitura que Flora Corro se encuentra María de Lourdes Huérfano, quien regresó a Lerdo de Tejada, pero hace un año. Ella también duró más de una década en Juárez, la última vez rentaba una propiedad en Riveras del Bravo, una de las colonias más conflictivas de la frontera.

“Un día, regresando del trabajo vi gente alrededor del canal, me acerqué y había un cuerpo flotando, había sangre alrededor. Fue una experiencia aterradora. Todas las noches pensaba en la escena. Me dormía abrazando a mi hija y a mi esposo”.

Estudiaba la preparatoria en Lerdo de Tejada, cuando se vio en la necesidad de emigrar. 

Tan pronto se instaló, se unió a las filas de Lear Corporation, en el parque industrial Río Bravo. 

“Allá encontré rápidamente lo que acá me costaría varios años: trabajo. Ganaba muy bien, 800 pesos a la semana y a veces metía hasta 40 horas de tiempo extra para que mi cheque fuera de 2 mil pesos”, se jacta. A los pocos años construyó su propio patrimonio, se casó con un hombre originario de Puebla, con quien procreó a Naomi Charlín, hoy de 7 años.

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Aunque Naomi no es el caso. 

Al menos 379 hijos de “juarochos” que nacieron en Juárez han sido retornados a Veracruz, 

bajo el amparo del Programa Emergente de Retorno de Veracruzanos de Zonas Fronterizas a sus Lugares de Origen.

Para María de Lourdes, hacer vida en Juárez es fácil. Sólo hacen falta dos manos y empeño.

“Uno se acostumbra a la vida fácil. 

Trabajas y ganas bien, te pagan por semana y te diviertes. Acá todo cuesta mucho y pagan poco. Recién que llegamos hasta llorábamos”.

Finalmente logró acomodarse en una guardería, donde percibe a la quincena 900 pesos.

También fue una de las afectadas del huracán Karl y la tormenta Matthew.

Pero ella es positiva. “Así es, lo volvimos a perder todo. Sentí feo, eso no pasa en Juárez, pero más feo está allá porque acá son pérdidas materiales, allá son pérdidas humabas”.

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“Atrofiado” …por la edad. 

Desesperado por no encontrar trabajo “por la edad” (47), Juan Estrada hizo una mezcla que no podía fallar: diluyó en un vaso creolina y thinner y no dudó en ingerir hasta la última gota. La reacción fue inminente: mareos, náuseas, vómitos. “Lo hice porque yo no estoy acostumbrado a vivir así, en esta pinche miseria”.

Pero las estadísticas que arroja el INEGI, al tiempo en el que Estrada platicaba su historia, reflejaban todo lo contrario. A finales de noviembre el Instituto Nacional de Estadística y Geografía dio cuenta que Veracruz se ubicaba por debajo de la media nacional en Tasa de Desempleo Abierto (TDA) con un 3.4 por ciento y que la Población Económicamente Activa (PEA) se había incrementado de 354 mil 785 a 2.9 millones de personas, de diciembre de 2004 a la fecha.  

Juan Estrada asegura que los dueños del trabajo, por lo menos en Jalapa, son los jóvenes de 35 años para abajo. 

“A mí ya me jubilaron, me siento un anciano, inútil, que no sirve para nada. Me he terminado bloques de solicitudes y nada, siempre me topo con un ‘al rato le llamamos’, es muy frustrante”.

Él, junto a su entonces esposa, radicó en Ciudad Juárez 15 años, tiempo en el que nacieron sus dos hijos. Era capturista de datos en Datamark, donde llegó a percibir hasta 2 mil 500 pesos con 38 horas de tiempo extra a la semana.  

Recuerda que todo era felicidad hasta que llegaba el clima gélido que para cualquier veracruzano radicado en Juárez resulta un calvario. 

“Era un frío de hasta 5 o 10 grados (centígrados) bajo cero”. Sus paisanos sellaban las ventanas de sus casas, prendían braceros, sin medir las consecuencias, y algunos se intoxicaban “no sabían lidiar con tanto pinche frío”.

“El sí”, dice. “Después de varios años. El frío lo aplacaba con un buen calentón hechizo, de segunda mano. Lo que no pudo atenuar fue la violencia extrema, esa, para todos, se salió de control.

Cuenta que llegó a sentir tanto miedo y paranoia que antes de irse a trabajar se aseguraba de que su familia se quedara bajo llaves y candado. Hasta que un día uno de sus pequeños, jugando en el patio, se cayó de su bicicleta y se fracturó el brazo derecho. Su mujer no hallaba cómo recurrir al médico. Le llamó a su esposo.

“Ese día pedí un rait en el trabajo y el camino parecía eterno”. 

Pero alcanzó a su hijo y con la ayuda de su compañero, lo trasladaron al Seguro Social.

Después, rumbo al trabajo empezó a ver situaciones relacionadas a la violencia; calles cerradas, acordonadas por ejecuciones y las noticias lo abrumaban con tantos hechos delictivos, hasta que un día decidió poner en venta su casa y regresarse a Veracruz.

Otros de sus coterráneos decidieron irse, dejando su patrimonio en deuda.

Un estudio elaborado por el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) da cuenta que en Juárez existen 12 mil 300 casas abandonadas, de las cuales, más de 5 mil propiedades fueron dejadas últimamente por la violencia, en su mayoría en los fraccionamientos Hacienda Universidad y Riberas del Bravo. 

No fue el caso de Estrada, quien antes de su partida dejó todo en regla.

Sin embargo, desde su regreso nada volvió a ser igual. La presión del desempleo lo llevaron a tronar con su familia. Busco suerte en Tijuana, pero regresó peor.

Hoy, este hombre sabe lo que es tener el estómago vacío por cuatro días. 

De la talla 42 bajó a la 34 y arrastra grandes e interminables deudas que lo incitan al suicidio.

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El que no vivió para contarlo. 

“Roberto era un buen compañero de trabajo, jugaba con nosotros futbol. Pasaron los días y notamos su ausencia en el trabajo, dijeron que lo habían matado, ni siquiera supimos cuándo o dónde lo velaron”, platica Ernesto González.

“Ya eran demasiadas cosas. Uno ya nomás prendía la tele para saber cuántos muertos iban. Hasta te vuelves morboso”, expresa este joven de 23 años, quien volvió hace unos meses a su natal Catemaco, donde ahora se desempeña como mesero en un hotel. 

En Juárez trabajaba en el área administrativa de una maquiladora como auxiliar ambiental, donde percibía 800 pesos semanales. 

“Me iba bien, tuve suerte, pero la situación me hizo correr, despavorido”. 

En la empresa estudió la preparatoria y su intención era matricularse en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. 

Sin embargo, a su regreso decidió juntar dinero para estudiar Derecho en la Universidad Veracruzana, donde tendrá que pagar mil 400 pesos de mensualidad, el sueldo de dos quincenas.

Soltero y sin compromisos, González recalca que, aunque ha tenido la invitación de su parentela para que regrese a la frontera, él simplemente les contesta que allá ya no regresa.

“En la (colonia) Melchor Ocampo, allá en Juárez, aprendí a enfrentar la vida solo, a valorarme, por eso ya no vuelvo. Vale más vivir bien limitado que morir bien limitado”.

Su experiencia en Juárez ahora la comparte entre sus compañeros de trabajo, para evitar que más paisanos terminen como su camarada Roberto.

Bajo la misma circunstancia que Roberto, de 2007 al cierre de esta edición murieron de forma violenta en Ciudad Juárez 5 mil 484 personas; 90 de origen veracruzano, así lo dio a conocer Daniel Badillo, director de la Dirección General de Atención a Migrantes del Gobierno de Veracruz, quien cita el caso de tres hombres originarios de Minatitlán que fueron acribillados en su taller de hojalatería por no pagar la cuota. Aunado a ello, el representante del Gobierno de Veracruz en Juárez, Luis Ramos Borunda, expone que esta oficina ha registrado al menos 15 decesos ligados al crimen organizado y que les negó la atención a 20 individuos involucrados en delitos del fuero estatal.

A inicios de 2010, el aún gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, acudió a una estación de radio 

en su natal Cosamaloapan, donde atendió la llamada de una madre desesperada por la “situación de guerra” que estaba viviendo su hijo en Ciudad Juárez. “Lo quiero de regreso a casa”, le pidió esta mujer al mandatario estatal, quien pensó en hacer algo por sus paisanos. Fue cuando empezó a darle forma al Programa Emergente de Retorno de Veracruzanos de Zonas Fronterizas a sus Lugares de Origen, que es parte del Plan Veracruz sin fronteras, en el que les facilitaría el retorno a sus coterráneos radicados en ciudades limítrofes con Estados Unidos, principalmente Juárez, Reynosa, Tijuana y Mexicali.

Daniel Badillo, director de Atención a Migrantes del Gobierno de Veracruz, informó que, a la fecha, bajo este programa han sido devueltas 280 familias o el equivalente a mil 180 veracruzanos, generando un costo bipartita (gobierno estatal y federal) de 4.5 millones de pesos.

La intención de este programa, dice, es ofrecerles una mejor calidad de vida, 

reinstalándolos en el sector productivo y dándoles las facilidades para que sus hijos continúen sus estudios. Entre las facilidades, destaca el proceso de cambios de créditos Infonavit, canalizarlos al Servicio Nacional de Empleo y/u ofrecerles servicios de salud, como Seguro Popular, remitirlos al programa Oportunidades o al DIF Estatal, entre otras.

Cuestionado por el alto costo que ha generado el Programa emergente de retorno de veracruzanos de zonas fronterizas a sus lugares de origen, Badillo contesta que los “juarochos” ayudaron por más de 15 años al fortalecimiento de su estado a través de remesas que superaban los 350 millones de dólares anuales, por lo que este proyecto es un derecho que les corresponde.

Hasta diciembre de 2010, el programa había registrado el regreso de mil 516 veracruzanos originarios de 74 municipios, que radicaban en Reynosa (77), Tijuana (12), Mexicali (6), Ciudad Constitución (4) y Ciudad Juárez (mil 180). De los “juarochos”, se tiene registro de solo 175 que viajaron por decisión propia, los demás se desplazaron en siete aviones chárter. Acorde a la representación del Gobierno de Veracruz en Ciudad Juárez, existen 400 expedientes equivalentes a mil 300 “juarochos” en espera de ser repatriados bajo este programa, impulsado durante la gestión de Fidel Herrera.

Una de las polémicas que desató este programa fue que arrancó previo a la coyuntura electoral de 2010 para elegir alcaldía, diputaciones y gubernatura, a lo que Fidel Herrera justifica que el plan se transparentó desde que el Gobierno Federal mantuvo participación, además de que fue suspendido durante el mes de junio y se retomó el 19 de julio. Asimismo, anota que de los mil 516 veracruzanos que regresaron de las fronteras, el 99 por ciento portaba credencial de sus lugares de residencia.

Juárez, de la mano con Veracruz. 

Entrevistado en un conocido hotel de Jalapa, Veracruz, 

Herrera menciona que Ciudad Juárez siempre ha sido muy generosa con los veracruzanos, 

“y hasta conmigo”, debido a que está matrimoniado con una mujer originaria de esta frontera. 

Niega que los veracruzanos hayan llegado a Juárez con el Tratado del Libre Comercio o atraídos por la bonanza de las maquiladoras y para ello se remite a la historia.

Cuenta que Juan de la Luz Enríquez, quien gobernó en Veracruz en 1867, 

fundador del Palacio de Gobierno y también oriundo de Cosamaloapan tiene familiares en Juárez, por lo que al término de su mandato quiso residir en esta frontera.

A pesar de la situación actual de inseguridad que prevalece en Ciudad Juárez, 

niega que en base al Programa Emergente de Retorno de Veracruzanos de Zonas Fronterizas a sus Lugares de Origen se hable mal de la antigua Paso del Norte.

“Nosotros no hacemos invocaciones de esas cuestiones”, aclara. “Tuvimos acercamientos con el exalcalde José Reyes Ferríz, ahora hablamos con el alcalde actual Teto Murguía. Mañana viene César Duarte (gobernador de Chihuahua) a quien hemos planteado des-rurizar áreas donde vivían familias asentadas en la línea de fuego”.

Comenta que días antes de sostener esta charla con este medio había arribado el cuerpo de un paisano de Tlacotalpan, primo hermano de Gilberto Castro Márquez, secretario de Fiscalización del Congreso del Estado de Veracruz, quien resultó victimado en un fuego cruzado.

¿Qué podría decirles a los familiares de veracruzanos que perdieron a algún familiar durante esta ola de inseguridad en Ciudad Juárez, y que, irónicamente se fueron en busca de oportunidades?

“Mi solidaridad y cariño”, responde. “Desde un principio, a manera de apoyo a ellos y a los gobiernos de aquella entidad les abrimos una oficina de representación, porque ya había un mercado, porque también nosotros vendemos muchos productos allá, por esa vía se exporta azúcar y café. Juárez es una gran metrópoli económica del noreste de México. Ahora que Veracruz crece, que se viene a trabajar gente de Zacatecas, Durango y Nuevo León, por qué no van a volver nuestros veracruzanos”.

Ratifica que ninguno ha vuelto con la mano adelante y otra atrás. “Muchos vienen con muebles, traen sus vehículos”.

¿Y los “juarochos” que lo perdieron todo por el huracán Karl y la tormenta Matthew?

“Ellos tienen prioridad”. Refiere que para ello se desarrolló un programa de reposición de enceres domésticos por 500 millones de pesos: 250 del gobierno de Veracruz y 250 del Gobierno Federal y a cada afectado se les prometió vales de 10 mil pesos, con los que pueden adquirir lo más inmediato.

En lo relativo al empleo que se les promete a los que regresan, enfatiza que su paso por la frontera los dejó altamente capacitados en cualquiera de los ramos, por lo que compañías como Tenaris Tamsa, líder en la producción de tubos de acero y servicios para plantas de procesamiento y generación de energía tiene un lugar seguro para ellos.

Pese a las opiniones, en su mayoría negativas de los “juarochos” de regreso a casa, el también litigante sostiene que los veracruzanos repatriados encuentran “otro Veracruz”. “Nos articulamos como oportunidades con los programas sociales, algunos federales, y esta entidad dio un giro”. 

Detalla que los juarochos y todos los que regresan a su tierra deben saber que cuando empezó a gobernar el estado atravesaba por un momento crítico inmerso en una administración endeudada. 

Y se jacta de sus logros: “propuse sueños que no sabía si alcanzaría, prometí terminar mi gobierno con un presupuesto de 40 mil millones de pesos y lo entrego con 80 mil mdp. Que iba a conseguir mil tractores para mecanizar el campo y seguir respaldando la producción de caña, café, mango, plátano y ahora producimos hasta tequila y voy a entregar el tractor 10 mil 157. Di mi palabra para hacer 100 puentes y vamos en mil 57, la creación de mil escuelas y llevamos 5 mil 400. También 11 hospitales y hemos hecho 53, tenemos servicios públicos y privados de salud que atienden a 280 mil veracruzanos y el Seguro Popular le llega a un millón de familias. Se crearon 750 mil nuevos empleos y se abrieron 180 nuevas sucursales bancarias, hoy (a mediados de noviembre) inauguro la de Imbursa”.

Dice que, durante su mandato (1 de diciembre de 2004-30 de noviembre de 2010) su estado no lo militarizó, tampoco patrullaron los federales “porque Veracruz es un estado de seguridad en los estándares nacionales”.  Y agrega: “Los “jarochos y juarochos” tienen que sentirse orgullosos del Veracruz de hoy, que lo tiene todo para alcanzar la justicia social: turismo, playas y ahora hasta oro, con la mina de Gold Group”.

No obstante, el panorama del veracruzano actual es distinto. Ya no creen en sus gobernantes. Y es que, durante su estadía por Veracruz, este medio se encontró reacciones adversas. Mientras unos opinan que durante su gestión Fidel Herrera sólo construyó puentes para beneficio de grandes empresarios, otros manifiestan su enojo por estar en la cúpula de la pobreza y las garras del desempleo. Profesionistas confinados al volante, mujeres ejerciendo la prostitución y niños y adultos mayores ganando partido de la desgastada venta de mariscos en la vía pública.

A lo que Fidel Herrera se defiende: “Es triste, no niego que hay pobreza, pero tampoco que se hizo un gran esfuerzo para derrocar sus índices”.

Algún mensaje para los que vuelven, se le inquiere al priísta: “Que sepan que hoy, el cambio aquí puede percibirse. Que termino la administración como el primer día: Trabajando.Hoy me dicen que un buen gobierno se va rápido y un mal gobierno parece eterno. Yo sentí que se fue como polvo”, concluye.