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Centímetros entre el golpe y la vida

Un choque lateral dejó a dos hermanas con dificultades para caminar y a una de ellas prácticamente confinada en casa. En la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, investigadores buscan en la naturaleza formas de mejorar las estructuras de protección de los vehículos y reducir las lesiones de sus ocupantes.

CIUDAD JUÁREZ, CHIH., MX., OCTUBRE, 2026 (uacj.mx). – 

Eran aproximadamente las cinco y media de la mañana de aquel verano de 2008. Las hermanas Guadalupe Moreno y Margarita se dirigían a la maquiladora Ethicon, de Johnson & Johnson, ubicada sobre el bulevar Talamás Camandari, donde ambas trabajaban como operadoras de producción.

Compartir el trayecto era parte de su rutina. Guadalupe vivía en Infonavit Solidaridad y Margarita en Paseos del Alba, en el suroriente de Ciudad Juárez y ambas se turnaban los vehículos para llegar al trabajo: unas veces iban en el automóvil de Guadalupe; otras, Margarita pasaba por ella. Esa mañana había sido el turno de la Blazer azul.

“Era una camioneta muy bonita, maciza, no estaba chocada ni nada, estaba en muy buen estado”, recuerda Guadalupe.

Circulaban de norte a sur y se aproximaban al cruce de la Avenida de Las Torres, cuando otro vehículo apareció por una calle lateral.

El golpe llegó de lado del conductor.

Todo ocurrió en segundos.

Margarita recibió la parte más fuerte del impacto. 

Guadalupe intentó abrir su puerta, pero no pudo.

“Mi puerta estaba sumida”.

Margarita quedó prácticamente inmovilizada.

Del vehículo que las impactó bajó un joven que viajaba como copiloto. Se acercó a la camioneta de las hermanas Moreno y, pese a los graves daños que había dejado el impacto, les preguntó si estaban bien.

“Como todo pasó en un momentito, uno no se da cuenta del alcance. No nos vimos sangre ni nada, así que le dijimos que sí”.

El hombre y la mujer que viajaban en el otro vehículo se marcharon de inmediato. 

La Blazer quedó cerca de la banqueta. Tenía la carrocería achatada y vidrios esparcidos alrededor, pero, vista desde el otro lado de la vialidad, su posición podía hacerla parecer simplemente estacionada. Cerca quedó la defensa del otro automóvil, desprendida por el impacto.

Según recuerda Guadalupe, no hubo una llamada a emergencias ni a la Policía Vial; tampoco se presentó una denuncia. Las hermanas quedaron dentro de la camioneta, sin poder salir. 

A esa hora, miles de trabajadores se dirigían hacia las maquiladoras del suroriente de Ciudad Juárez. Los vehículos seguían pasando. Nadie se detenía. Dentro de la camioneta, dos mujeres lesionadas esperaban ayuda.

“¿Cómo iban a saber que estábamos accidentadas si no se veía nada del lado por donde pasaban los carros? La camioneta quedó como estacionada”.

Guadalupe calcula que permanecieron ahí alrededor de una hora y media. Ninguna llevaba teléfono celular para comunicarse con sus familiares.

La ayuda comenzó a llegar cuando un camión de transporte de personal pasó por el lugar. Entre los pasajeros viajaban compañeros de trabajo que reconocieron la camioneta de Margarita y dieron aviso del accidente a la empresa. Desde ahí se comunicaron con la familia.

Posteriormente, una mujer acudió a auxiliarlas y las trasladó al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), adonde llegaron después de las siete de la mañana.

Guadalupe recuerda que, en aquel momento, no consideraron necesario solicitar una ambulancia de la Cruz Roja, pues aparentemente ninguna presentaba lesiones de gravedad.

“No quisimos llamar a la Cruz Roja porque aparentemente no teníamos nada en el momento. Todo resultó después”.

El accidente había terminado sobre el pavimento, pero sus consecuencias apenas comenzaban.

Con el tiempo, las dos hermanas empezaron a experimentar problemas para caminar.

Margarita, quien había recibido directamente el impacto lateral, quedó con serias limitaciones de movilidad.

Guadalupe comenzó a sentir un intenso dolor entre la cadera y la ingle. Apoyar la pierna derecha se convirtió en un tormento, señala.

“Sentía como muchas astillas. No podía apoyar porque sentía que se me encajaba algo. Era horrible”.

Según su testimonio, en el Seguro Social le realizaron radiografías y fue enviada a valoración ortopédica, pero durante un tiempo no se encontró la causa de sus dolores.

Continuó trabajando.

“Yo chuequee y chuequee. Era algo horrible que no me dejaba ni dormir. Me movía en la cama y me lastimaba”.

Durante aproximadamente dos años, relata, alternó el trabajo con consultas médicas, incapacidades y medicamentos para controlar el dolor, hasta que finalmente fue sometida a una cirugía.

Guadalupe sostiene que después de aquella intervención sus problemas continuaron y que la posición en la que quedó su pierna modificó su manera de caminar.

Por cuenta propia buscó una segunda valoración en un hospital privado.

“Me mandaron otra vez a sacar radiografías y salió que traía la cabeza del fémur ya deteriorada. Y por eso mi dolor, no podía ni caminar”.

Con el paso de los años, explica, la alteración de su marcha terminó afectando también la otra cadera.

“Por tanto chuquear me acabé la cadera izquierda. Se me desgastó el otro lado del fémur y me lo tuvieron que reemplazar también”.

Su vida laboral también cambió.

A los 52 años, Guadalupe dejó de trabajar y de contribuir al sostenimiento de su hogar, donde vivía con sus tres hijos, para depender de una pensión por discapacidad. Margarita atravesó el mismo cambio a los 47 años.

Las dos habían salido aquella madrugada rumbo al trabajo y las dos regresaron con una vida distinta.

Guadalupe y Margarita Moreno, antes del accidente

Han transcurrido 18 años desde aquella madrugada. Guadalupe conserva recuerdos del trayecto, del impacto y de las horas posteriores, aunque reconoce que algunos detalles se han desdibujado con el tiempo. Su testimonio permite reconstruir parte de lo ocurrido, aun cuando ciertos episodios permanecen fuera del alcance de su memoria.

Recuperar su historia es también mirar de frente una realidad que se repite cada madrugada en esta frontera, donde miles de personas recorren las calles de Ciudad Juárez rumbo a sus trabajos, expuestas a siniestros viales capaces de transformar sus vidas en segundos.

En 2025, Ciudad Juárez registró 6,314 siniestros viales, un promedio de 17 diarios. El 94.5 por ciento correspondió a choques, según la Radiografía Socioeconómica del Municipio de Juárez, publicada por el Instituto Municipal de Investigación y Planeación (IMIP). 

Al 25 de agosto de 2026, la Coordinación General de Seguridad Vial reportaba 4,145 siniestros acumulados. Tan solo durante el primer semestre de ese año se contabilizaron 3,170 hechos viales, con un saldo de 1,118 personas lesionadas y 33 fallecidas.

La historia de Guadalupe y Margarita deja una pregunta que trasciende aquel accidente: ¿qué ocurre entre el instante en que otro vehículo golpea una puerta y el momento en que la fuerza del impacto alcanza el cuerpo de una persona?

La respuesta comienza en un campo de la ingeniería conocido como crashworthiness: la capacidad de una estructura vehicular para gestionar la energía de una colisión y preservar el espacio de protección de sus ocupantes.

La ciencia aplicada para salvar vidas

En la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), tres investigadores estudian cómo responden las estructuras ante un impacto y qué puede modificarse en ellas para proteger a las personas. 

El doctor Quirino Estrada Barbosa, profesor investigador del campus UACJ-Cuauhtémoc y coordinador del Programa de Ingeniería en Diseño y Automatización Agrícola, acumula alrededor de 16 años de trabajo en este campo, mientras que los doctores Elva Lilia Reynoso Jardón y Manuel de Jesús Nandayapa Alfaro, del Departamento de Ingeniería Industrial y Manufactura del Instituto de Ingeniería y Tecnología (IIT-UACJ), trabajan en esta línea desde hace aproximadamente ocho años.

Quirino Estrada sitúa el problema en el control de cargas dinámicas. 

Durante un choque, explica, las estructuras reciben fuerzas de impacto y deben absorber y disipar energía mediante su deformación.

“El objetivo de esta investigación es poder diseñar estructuras que soporten las cargas de impacto, pero que también nos ayuden a absorber la energía para que los pasajeros sufran el mínimo de lesiones y poder evitar accidentes graves y fatalidades”.

la Dra. Elva Lilia Reynoso Jardón explica que, en determinadas partes de un automóvil, una estructura que se deforma no necesariamente ha fallado. Esa deformación puede formar parte de la protección.

Un ejemplo es la deformación de los largueros del chasis frontal, ya que son vigas estructurales diseñadas para colapsar de forma controlada durante una colisión, absorbiendo la mayor cantidad de energía cinética(energía en movimiento) antes de que llegue al habitáculo.

“Una analogía sencilla sería una envoltura de un paquete con un objeto frágil, hablemos de una pieza de cristal: el material que lo rodea se aplasta durante un golpe y absorbe parte de la energía y no rompe el objeto de cristal. En el automóvil, algunas piezas cumplen una función parecida, mientras otras deben mantener el espacio donde están los pasajeros”.

Medir lo que recibe el cuerpo

Estudiar lo que sucede con el metal es una parte del problema. La otra es conocer cómo responde el cuerpo humano. En ese punto, explica Quirino Estrada, la mecánica se conecta con la biomecánica.

El investigador describe pruebas de seguridad para impactos frontales, laterales y traseros. Para estudiar sus efectos en los ocupantes se utilizan maniquíes antropomórficos, conocidos como dummies, equipados con sensores que registran fuerzas y aceleraciones en distintas regiones del cuerpo. 

Siendo la zona con mayor afectación la que se encuentra en la región cervical y la cabeza, en uno de los estudios hechos por el Dr. Estrada consideró el diseño mecánico simplificado del maniquí cabeza-cuello para el análisis de la cinemática del cuello que permite predecir las lesiones cervicales más recurrentes en choques frontales  y traseros, sin tener que hacer pruebas experimentales con dummies del cuerpo completo.

Estas mediciones permiten analizar, por ejemplo, lo que recibe el pecho o la región cervical y utilizar esa información para hacer modificaciones al vehículo.

El reto también, dice el Dr. Quirino, está en el propio maniquí: sus movimientos y su respuesta deben representar con suficiente fidelidad el comportamiento del cuerpo humano, incluidas sus articulaciones.

“Entonces es muy importante que se haga un buen estudio para que la respuesta que nosotros tengamos al hacer el experimento a través de este maniquí, pues sea lo más cercano a la realidad”.

La pregunta dentro de una puerta

La Dra. Elva Lilia Reynoso Jardón Reynoso recuerda otro accidente que orientó el trabajo hacia la protección lateral. Un amigo suyo estaba próximo a llegar a casa cuando una camioneta impactó el pequeño vehículo que conducía justamente en el área de la puerta. Según su relato, sufrió lesiones en el cuello.

“Generalmente hacíamos estudios de frente, de defensa, de chasis y, a raíz de eso, como a él lo impactaron en la parte lateral, nace esta parte de las varillas”, sostiene.

El accidente abrió una nueva pregunta: ¿qué podía modificarse dentro de una puerta para enfrentar mejor una colisión lateral?

El problema es especialmente complejo porque existe relativamente poco espacio entre la parte exterior de la puerta y el cuerpo de quien viaja junto a ella. Los investigadores comenzaron a estudiar modificaciones en las barras de protección lateral.

Para buscar posibles soluciones, recurrieron a la naturaleza.

El Dr. Quirino Estrada Barbosa menciona los caparazones de las tortugas, las corazas de los armadillos y los tallos de las plantas como ejemplos de estructuras que pueden inspirar diseños mecánicos. 

“La bioinspiración consiste en estudiar esas configuraciones y explorar cómo aplicar algunos de sus principios a soluciones de ingeniería”.

En los trabajos que describe Reynoso, esa búsqueda tomó dos referencias concretas: el camarón y la caña de azúcar.

Un camarón como inspiración

La configuración segmentada del camarón ofreció una de esas referencias.

“El camarón tiene una especie de unión. Digamos que su estructura, todo el cuerpo, se une como por capitas”, explica Reynoso.

A partir de esa configuración segmentada, los investigadores estudiaron estructuras tubulares con geometrías inspiradas en esa disposición.

Reynoso Jardón ilustra la propuesta con un modelo de una puerta: en su interior aparece una varilla cuya geometría se inspira en la forma del camarón. La investigadora aclara que corresponde a las varillas de los mecanismos de seguros y chapas. La imagen muestra una posible configuración y ubicación de la pieza; para el estudio se consideraron acero y aluminio.

Mediante simulaciones por computadora, los investigadores evaluaron cómo se comportaban distintas estructuras tubulares inspiradas en la cola del camarón al someterlas a flexión. En las condiciones analizadas, los diseños bioinspirados mostraron un mejor desempeño que los tubos circulares convencionales. A partir de esos resultados, propusieron un diseño de barra de protección para puertas de automóviles.

El trabajo quedó documentado en un estudio publicado en 2025 por Springer (página 547): https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-3-031-85390-6_51

El propósito es estudiar si esa organización geométrica puede mejorar la manera en que una estructura absorbe la energía de un impacto.

Ante una colisión lateral, las estructuras propuestas buscan deformarse de manera controlada y absorber una mayor cantidad de energía antes de que sus efectos alcancen al ocupante.

“Entonces ahí se detenga, que no llegue totalmente el golpe a nosotros”, resume Reynoso.

La caña de azúcar

La otra fuente de inspiración fue una planta mucho más cotidiana: La caña de azúcar.

Al observar su estructura, los investigadores encontraron otra configuración que podía servir como referencia.

“La caña de azúcar tiene estructuras tipo filamento, y en la vista del corte transversal se observan pequeños tubos u orificios”, refiere la investigadora de la UACJ.